sábado 28 de noviembre de 2009
Historias cotidianas (17 de noviembre del 2009)
No oía ni sentía nada, los ojos se le habían llenado de polvo y este empezaba a mezclarse con las lágrimas. Estaba en el suelo, sentado sobre trozos del falso techo de escayola, no se movía, no podía moverse, sentía su cuerpo bloqueado por la confusión. Comenzó a mirar lentamente a su alrededor, apenas percibía nada, pero las manchas de sangre eran demasiado grandes para no poder distinguirse. Pensó cuanta gente había a su alrededor cuando había pasado todo. Mucha, demasiada tal vez, de ella no podía oír nada, ni siquiera era capaz de percibir su propia respiración. No había olvidado respirar, había olvidado que hacia allí. Empezó a sentir dolor en sus pies y en sus brazos…
Historias cotidianas (16 de noviembre del 2009)
Los días pasaban uno tras otro mientras caían las hojas del calendario al llegar las estaciones, en invierno las hojas caían de forma más sonora, rebotando contra el suelo por el frio que las llenaba. En cambio en verano caían ligeras, como la ceniza del papel abusado por el calor intenso. El otoño pasaba rápidamente mientras las hojas parecían ansiosas por caer. La primavera parecía agarrar las hojas impidiéndoles llegar al suelo para hacer lucir más hermosos los días de los primeros calores. Los días pasaban así cada uno bajo un ritmo marcado por un tiempo que nadie parecía dominar…
Historias cotidianas (15 de noviembre del 2009)
Mientras añadía harina a la mezcla no paraba de remover, el secreto de un buen bizcocho era que la masa quedase muy suave, de esa manera luego esponjaría adecuadamente. Conocía todos los secretos para que aquel bizcocho fuera de un gusto agradable, pero no podía ocultar que todo el dulce que contenía, no podría endulzar su matrimonio ya fallido hacia tiempo. Por mucha harina que intentara mezclar no conseguía unir su relación, estaba demasiado alejada en sus sentimientos. Se habían transformado en dos alejadas islas que no se encontraban dentro de su lecho. Utilizando a sus hijos de escusa se negaba a disolver su matrimonio y mientras los alimentaba con los bizcochos que últimamente sabían un poco a sal por las lágrimas derramadas…
Historias cotidianas (14 de noviembre del 2009)
El público saltaba y bailaba, se contorsionaba de manera espasmódica mientras ellos desgranaban sus más viejas canciones. Aquellas que habían escrito cuando tenían que trabajar de otras cosas a parte de la música y sus sonidos eran puros como sus expectativas. En aquellas encontraban el aliento para continuar tocando, el espíritu que había unido aquella banda se había perdido hacia tiempo, desde que el dinero empezó a entrar en sus vidas y como un mando a distancia dominar cada uno de sus movimientos. Continuaban en el tajo veinte años después, pero sus cuerpos habían envejecido más que esos veinte años, castigados por la necesidad de exprimir unos cerebros que ya no exhalaban frescura. Sentían un puñal al ver que el público en sus conciertos permanecía indiferente ante sus nuevas obras, eran un peso demasiado grande para sus egos, ya demasiado inflados desde que opinión pública empezó a conocer todos los detalles de sus vidas…
Historias cotidianas (13 de noviembre del 2009)
En el salón de baile apenas nadie era capaz de mover un solo musculo, sin una bien calculada precisión. Todos eran esclavos de una etiqueta y de una valoración social que debía siempre ser tenida en cuenta cuando sonaba un vals o una polka. Nadie era libre de moverse por aquel salón sin tener en cuenta las rígidas reglas que regían aquellos bailes aéreos, que para él no conocedor parecerían parte de una grácil naturalidad y que en cambio estaba llenos de la contención y el sosiego que debía dominar a todos sus protagonistas. Desde las sillas las señoras de mayor edad, protectoras de aquellas reglas, controlaban aquellos impulsos que podían invadir el ánimo de algún osado caballero, con sus miradas frías cultivadas en los cientos de bailes que habían presenciado…
Historias cotidianas (12 de noviembre del 2009)
Siempre con la luz de la pantalla clavada en los ojos, con sus personajes recorriéndola de un rincón a otro en de ella, en los mil diferentes lugares que su imaginación era capaz de dibujar. Todos aquellos lugares y situaciones que él hubiese deseado recorrer y vivir, y que la única manera posible de habitarlos era a través de las historias que su imaginación se empeñaba en crear. Desde los salones más selectos a las islas mas inhóspitas, de los mares mas bravos a los cielos mas azules. Aquella era su evasión, y su reto colocar sus pequeñas piezas de ajedrez en las diferentes zonas del tablero de su mente…
Historias cotidianas (11 de noviembre del 2009)
El mar siempre el mar, abriendo sus entre las olas, capaz de devorarlos en cualquier momento de descuido. El siempre salvaje e indómito, ellos pobres aventureros retando a su enormidad, abandonando a sus familias solamente por la aventura de encontrar nuevas tierras y nuevos tesoros, adictos a su intrepidez y al peligro que veladamente se escondía en cada puerto en el en que recalaban. Siempre cabalgando sobre el mar, con las olas arrastrándolos por los lejanos horizontes…
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